Hace dos días publicaba precisamente en #ElTemaDeLaSemana un recuerdo que me ayudaba a afrontar el principal miedo que, por mi estado, me invade en este momento: el miedo al parto y, en concreto, al dolor.

Sin embargo, para no copypastearme a mí misma en mi propio blog (eso no se vale), os voy a hablar de otro miedo, que suena un tanto extraño, pero que es así tal cual os lo cuento. Tengo miedo a las rejillas. Ojo, no a todo tipo de rejillas. Concretando, me dan un mal rollo que me muero los suelos de rejilla. Andar viendo lo que hay bajo mis pies me estresa una barbaridad. Por extensión, los suelos de tablones de madera mal dispuestos o bien de cristal (la cumbre del malrollismo), me generan el mismo miedo. Vamos, que lo pasé fatal jugando (viendo jugar a Mr. B, que es más mi estilo) al Silent Hill con esas escalofriantes escenas llenas de rejillas en la dimensión chunga…

¿Por qué será? ¿Vértigo? ¿Miedo a las alturas? ¿Miedo a los suelos, como Rincewind, el protagonista del libro, de Terry Pratchett?:

-¡No pienso montar en una alfombra mágica! -siseó [Rincewind]-. ¡Me dan miedo los suelos!
-Querrás decir las alturas -replicó Conina.
-¡Sé muy bien lo que quiero decir! ¡Lo que te matan son los suelos!

No sufro de vértigo y no padezco acrofobia. El vacío, la caída… No lo sé. El caso es que esos suelos de rejilla no me molan. Si lo unes a tener que andar sobre ellos de noche, malo del todo. Tiene lógica, ¿no? ¿Un poquito al menos?

Y he aquí que, como me gusta considerarme positiva, quiero terminar mi post sobre el miedo de manera agradable. Da la casualidad de que tengo un #RecuerdoViajero que me acompaña muchas veces por múltiples motivos: por la superación (temporal, al menos) de este miedo que os cuento y por haberme dado una de las imágenes más maravillosas de mis viajes. Se trata de la visita nocturna que hicimos en 2009 a las cataratas del Iguazú (desde Argentina). Esta visita sólo se hace en noches de luna llena, ya que ésta es la única luz que ilumina el Parque Nacional. Y, para llegar a la Garganta del Diablo, debes hacerlo recorriendo pasarelas de rejilla sobre el río Iguazú y las propias cataratas… Una espeluznante masa de agua negra rugiendo en movimiento bajo mis pies.

Y ahí estaba yo, andando sobre varios de mis monstruos, con el objetivo de ver una de las siete maravillas del mundo a la luz de la luna. Andar cientos de metros sobre rejillas mereció la pena.

Garganta Diablo.jpg
La caída del agua es hipnótica. Pone los pelos de punta.
#ElTemaDeLaSemana es una iniciativa nacida de los @PapásBlogueros para toda la blogosfera. Queremos saber un poco más de ti, y que sepáis más de cada uno de nosotros. Por eso propondremos un tema semanal sobre el que reflexionar brevemente en nuestros respectivos blogs y compartiéndolo en este carrusel para llegar a todas y todos.

 

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1 COMENTARIO

  1. Lo de las rejillas le pasa a mucha gente, a mi concretamente no pero a mamacangreja si. Lo las cataratas tuvo que ser impresionante normal que pasaras por encima de tus miedos. La motivación lo es todo.

    • Correcto, tal cual. La motivación lo es todo. Aún me pregunto cómo pude hacer muchas de las cosas que hice en ese viaje (10 semanas por Sudamérica), pero uno puede con más de lo que cree… siempre. 🙂

  2. Parecen que vayan a desaparecer y nosotros para abajo! Comparto este miedo! Además al principio de vivir en barna pasé por una rejilla sin saber que salía aire y acabé con el vestido de sombrero y sin poder bajarlo, eso sí, unos jubilados sentados en un banco cercano hasta me aplaudieron… tierra tragame!

  3. Pues seguro que mereció la pena porque que preciosidad!! Pues hasta ahora que me lo has recordado no había caído, pero a mi también me dan algo de mal rollo, es más, algunas noches he soñado que tenia que cruzar un punte colgante y me quedaba bloqueada sin poder avanzar… Feliz semana!!

  4. Yo tengo un miedo irracional a pasar o ponerme debajo de una escalera apoyada en la pared (no de esas de ángulo), y no por superstición (ser supersticioso da mala suerte), sino porque me pueda caer algo. Así que si veo al típico de Timofónica arreglando algo en una acera subido a la escalera, no es que la bordee, es que me cambio de acera, y si no la hay doy un rodeo.

  5. Lo de las rejillas lo llevo fatal, pero yo si tengo vértigo… Pero no es a las alturas es cuando me siento inseguro y veo posibilidad de caerme con rejillas, cristales, etc. Es algo “raro” lo que me pasa…

  6. ¡Ay! yo también tengo paranoia a los suelos de rejillas…recuerdo uno que hay al bajar del teleférico de Fuente De que solo pensarlo me pongo mala.
    Terry Pratchett que gran escritor.
    Un saludo

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