Este post está escrito con una única finalidad: ayudar a todos los padres del mundo (ole ese optimismo) que cuidan a sus bebés menores de, digamos, 10-12 meses, a entender por qué demonios lloran. TANTO. La respuesta a la pregunta es, casi siempre, que viene el lobo.

“DESDE UN PUNTO DE VISTA SOCIOBIOLÓGICO…” (¿Qué dices, Juls?)

Algunos sabéis que soy psicóloga y la mayoría sabéis que soy un poco listilla y os saco la Mordorpedia en cuanto tengo oportunidad. Pues bien, una de mis expresiones favoritas cuando voy a empezar a darle la chapa a alguien es “Desde un punto de vista sociobiológico…” (ay, ¡qué bien suena!). ¿Que por qué? Pues porque, desde un punto de vista sociobiológico, todo se puede explicar de una manera muy sencilla.

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Sociobiología: Mordorpedia en acción

¿Qué quiero decir exactamente con lo de “sociobiológico“? Pues a ver, los seres humanos, nosotros (sí, meto a los padres-ojerosos-zombies en esta categoría), somos animales, ¿no? Pues muchos de nuestros comportamientos se aclaran estupendamente simplificando al nivel animal más básico que tenemos, como son comportamientos territoriales (“Eh, tú, ¡fuera de mi cueva!”), cooperación (“Ayúdame a trepar a este árbol para coger ese coco”), elección de pareja (“Me mola tu forma de cazar, nene”), etc.

A mí me gusta verlo como si volviéramos todos a las cuevas, hace miles de años. Es una explicación muy simplista, pero ayuda a entender cosas.

¡QUE VIENE EL LOBO!

Sabemos que los bebés lloran. Lloran mucho. Y es molesto. Bastante. De hecho, está demostrado que el sonido más desagradable para el oído humano es el llanto de un bebé. ¡El más desagradable! ¿Qué sentido tiene esta tortura, por todos los dioses? Pues muy sencillo: que viene el lobo.

Imaginad un bebé hace miles de años. Mejor, imaginad dos. Están, probablemente, atados al cuerpo de sus madres con alguna piel de animal. Imaginad que sus madres los dejan en el suelo y se van a hacer otras tareas. Se acerca un lobo (o dos, uno a cada bebé). Uno de los bebés se pone a llorar al quedarse solo y desprotegido. El otro, cuyos padres seguro que han dicho en su grupo de whatsapp “Pues el mío es más bueno… ¡No me llora nada!”, se queda calladito, tan bueno él. Esto… ¿Qué bebé tiene más papeletas de contar la anécdota de que una vez casi se lo comió el lobo? Respondo yo: El que no llora, no lo cuenta. O, como dice el refrán: “El que no llora, no mama“. Que también. Pero esperad, que estábamos hablando de lobos.

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Que viene el lobo… (ilustración de un lobo invernal del Manual de Monstruos de D&D)

Y aquí un poco de Teoría de la Evolución (¡¡hereje!!): la historia está en que los bebés que llegaron a adultos (los que no se los comió el lobo) y les dio tiempo a procrear, fueron los que lloraron. Y ya se dice que, de tal palo, tal astilla. Pues los hijos de aquellos bebés, lloran. Y los hijos de sus hijos. Y así somos la humanidad en general, una panda de llorones asustados por si viene el lobo. Milenios después, seguimos llorando. No vaya a ser que venga.

TIPOS DE LLANTO

De vuelta en la época actual, la mayor parte de las veces, en los primeros días tras el nacimiento de los niños, no sabemos a qué vienen tantas lágrimas. Luego, normalmente, empezamos a distinguir sus tipos de llanto. Y la diferenciación en líneas generales (que ojo, luego cada niño es un mundo), vendría a ser, grosso modo, esta:

  • Hambre: sonido más grave, se muerde los puños y se calma al cogerlo. “Tengo hambre y no va a venir nunca la comida… ¡¡Me voy a morir de hambre!! ¡¡Socorro!! ¡¡Va a venir el lobo y aún no he comido nada!! Hey… Un momento… Huele a teta (sí, teta, porque en las cuevas no había biberones)… Heeey… Teeetaaa… Glup glup glup…” *sonrisaza si ya tiene más de 2-3 meses*.
  • Sueño: quejidos más largos y bajos que, si no se atienden, suben en intensidad. Si te lo pone fácil, quizás se frote los ojos y bostece (vamos, más claro, agua). “Dios mío… ¡Me muero de sueño! ¡No voy a poder dormirme nunca! ¡Estoy cansadísimo, necesito descansar antes de que llegue el lobo! Uy, me ha entrado un poco de sueño en un ojo…”. Por cierto, en estos casos podéis aplicar este combo infalible (especial para padres frikis).
  • Dolor: un grito agudo e intenso seguido de una pausa en la que toma aire para seguir llorando alto luego (ay, pobre…). “¡¡¡¡¡¡Aaaaaah!!!!!! ¡¡Ya está!! ¡¡Estoy perdido!! ¡¡Me ha cazado el lobo!!” (¡pobre, pobre!). ¡Dadle un abrazo, corriendo!
  • Soledad, aburrimiento o nerviosismo: Aquí os quería yo ver. Este llanto suele empezar con un puchero (morritos para afuera, carita de pena), más o menos cuando te alejas 30-60 centímetros (sí, distancia random) más de lo que el bebé considera razonable. Llora suave, monótono, rítmico, e intercala algún grito de reclamo e incluso, a veces, una sonrisa. “Eh, eh, espera… ¡No te vayas! Progenitor, quédate aquí… ¿Dónde has ido? Pero, pero… ¡¡En serio!! ¡¡No me dejes!! ¡¡Que viene el lobo!! ¡¡Socorro!! ¡¡Viene un lobo y me come!! ¡¡Cógeme!!”.
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¿Pero por qué llora este niño?

Este último llanto es el que más suele desesperar a los padres, porque generalmente no lo entendemos. El bebé está aparentemente bien, sano, ha comido, está limpio, ha descansado… pero llora. Cada vez que os pase eso, ponedle voz a vuestro bebé y decid “Socorro, mamá/papá, que viene el lobo”. Pensad que, en el fondo, es inevitable para ellos. Están programados para llorar. Por si acaso viene. Seguro que, con la sonrisa, se os pasa un poco la desesperación. ¿O no?

Me gustaría que esta explicación “desde el punto de vista sociobiológico” os ayudara a entender un poco más a vuestros infantes y a tenerles algo más de paciencia. La maternidad es más llevadera con sentido del humor. Y, donde va a parar, muchísimo más divertida si les pones voces a tus hijos. Así que ya sabéis: Reíros. Reíros mucho. Que viene el lobo.

 

Julia Iriarte (Juls)
Psicóloga, friki y madre de dos hijos, dirijo la web BaM! Ocio Alternativo Familiar, donde los juegos (de mesa, rol y videojuegos) forman parte de mi trabajo diario. Además, imparto formaciones y talleres a familias y docentes y soy psicóloga especialista en juego en Ludia Asesoras y en el estudio de diseño de juegos de rol y narrativos All the Little Lights. También soy socia fundadora de la Asociación Ludiversia, administradora en el grupo El Pequeño Rincón de los Juegos de Mesa y creadora y coordinadora de Efecto Lúdico, espacios donde compartir los múltiples beneficios de los juegos a nivel personal, pedagógico, motivacional y social.

13 COMENTARIOS

  1. Y cuando el lobo es la mascota, al llorar los nenes, él se pone a aullar con la intención de aplacar sus ánimos. SI si, no es que aulle porque le molesta o se sumé a la pena de los recién nacidos, es que así les calma.

    Gran post, marisabidilla.

  2. Que bueno!! Paciencia es verdad, es lo que me repito cuando a los mellizos les sale el demonio Jajajajaja ybes verdad sirve mucho recordar que somos instinto y que la tontería que dicen de que los bbs lo hacen porque maquinan un plan malévolo para apoderarse del mundo y llenarnos de agujetas los hombros. Comparto tu post

  3. Que buena explicación. Jajaja. Lo que yo hago cuando llora y no se por qué es ir corriendo con el bebé en brazos y pasárselo a mi marido. El parece que se comunica mejor con ellos.

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