Tienes que leer…

¿Por qué leemos?

Hala, ya hemos soltado la frase del millón de euros. Y claro, esperamos que esa cabecita que lleva dentro centenares de estímulos diferentes, que se ve bombardeada por montones de atractivos impulsos que la rodean, deje cuanto está haciendo y agarre un libro con interés infinito y pasión por devorarlo.

Tienes que leer…

Claro, si es que leer es muy bueno. Vamos, es una cosa fundamental. Es sanísimo, instruye, ayuda y seguro que hasta cura el resfriado común. 

Tienes que leer…

Pero, alguno de vosotros, lectores irredentos, se ha preguntado ¿por qué leemos?

Image by David Catchpole
Imagen de David Catchpole.

LA MOTIVACIÓN A LA LECTURA: ESE MONSTRUO TERRIBLE

Este es uno de los caballos de batalla sempiternos de madres, padres, maestros, profesores, pedagogos, psicólogos y hasta de la tía Engracia, la del pueblo. La motivación a la lectura.

Lo tenemos todos clarísimo: Hay que conseguir que lean. Es más, hay que conseguir que quieran leer. Pero claro, ellas y ellos se resisten. No les apetece. Hay cosas mucho más brillantes que llevar al nido de su cerebro. Así que nos peleamos con el monstruo, inventamos mil estrategias para derrotarlo, trazamos planes complejos (y aburridos), diseñamos estrategias infalibles.

Y fallamos.

Fallamos una y otra vez. Nos sentimos frustrados. ¡Pero si a nosotros nos encanta leer! ¿Cómo es posible que a ella no? ¡Si leer es divertidísimo! ¿Por qué el monstruo terrible de la motivación a la lectura sigue ganándonos, batalla tras batalla?

Para derrotar a los monstruos, uno ha de saber cómo funcionan, cuáles son sus secretos. Así que, si os parece bien, vamos a abrir el libro ese gordo de zoología monstruil lectora y vamos a ver si descubrimos dónde está el misterio y cómo resolverlo.

TIPOS DE MOTIVACIÓN 

Lo primero que tenemos que entender es que existen diversos tipos de motivación. Vamos a unificarlos en dos grupos.

LA MOTIVACIÓN EXTRÍNSECA 

La motivación extrínseca es el proceso por el que hacemos cosas porque tenemos una obligación, algo que no sale de nosotros y que nos impulsa a hacerlas. Y, en muchas ocasiones, y más durante la infancia y la adolescencia, se trata de una motivación extrínseca coercitiva (¿habéis visto que palabrejas que suelto? Es por hacerme el interesante). Es decir, que hacemos o dejamos de hacer cosas por temor a las consecuencias que nos puedan sobrevenir. Permitidme que os lo ilustre con un ejemplo.

Vas conduciendo, camino de esas jornadas que tanta ilusión te hacen. En el equipo de música, sonando a todo trapo, la mejor canción de todos los tiempos.

(¡pero qué buenos son estos Queen! ¡y qué pedazo de canción esta Bohemian Rhapsody! no como esas mamandurrias de trap y reggaeton de ahora…)

Casi sin darte cuenta, el pie derecho va bajando y el coche va aumentando la velocidad. Pronto, sobrepasas la velocidad permitida en la autopista por la que circulas.

(¡uy, pero si voy a 140! bueno, tampoco pasa nada, total, la autopista va vacía y estoy descansado y atento. yo controlo…)

De repente, tu navegador lanza un aviso, con su voz fría y mecánica: “Posible radar a 200 metros”.

(¡leche, un radar! frena, frena, que te caen 200€ y un par de puntos de carnet…)

Reduces la velocidad a algo por debajo de la permitida…

Como se ve en el ejemplo, es el miedo a las consecuencias lo que nos hace cumplir con la normativa vigente. Por eso hablamos de motivación extrínseca coercitiva.

LA MOTIVACIÓN INTRÍNSECA

La motivación intrínseca es la que nos impulsa a hacer cosas por nuestro propio deseo de llevarlas a cabo. Puede ser porque nos resulta placentero hacerlas, y entonces hablamos de motivación intrínseca hedonista. Pero también puede ser porque pretendemos conseguir un objetivo deseado sin que haya consecuencias negativas en caso de no conseguirlo. Es la motivación intrínseca intermediada.

Evidentemente, las motivaciones intrínsecas son mucho más poderosas y persistentes. Y en el caso de la lectura, sería maravilloso llegar a la motivación intrínseca hedonista. Esto no significa que una motivación intrínseca sea siempre la buena y una extrínseca sea la mala. En nuestro sueño de libertad a veces consideramos cualquier imposición como algo inherentemente negativo, pero no es así. 

En el ejemplo del exceso de velocidad anterior, probablemente ese miedo a la multa nos ha salvado la vida en más de una ocasión, sin que seamos conscientes de ello. Y por mucha motivación intrínseca que suponga ponerte hasta las trancas de helado, eso no implica que sea bueno comer demasiado (Un poco sí, ¿eh? Tampoco pretendo ser el adalid de la comida sana).

Lo que sí es cierto es que la motivación intrínseca es mucho más poderosa que la extrínseca. Porque nace de dentro de nosotros, porque deseamos firmemente aquello por lo que nos sentimos motivados, y seguiremos persiguiéndolo. Sin embargo, en el caso de la motivación extrínseca, a la que podamos, intentaremos escaquearnos de ello (uy, el jefe no mira. ya puedo volver a abrir el feisbuk…).

Image by KOMUnews
Imagen de KOMUnews.

LAS RAZONES PARA LEER

Durante muchos, muchos años, nos han dicho que leer era tremendamente beneficioso para nosotros. Nos decían que debíamos leer a diario porque de esa manera mejoraríamos nuestra ortografía. Porque aprenderíamos muchas cosas. Porque nuestra sintaxis y estructuras gramaticales evolucionarían favorablemente. Porque nuestro cerebro crearía nuevas rutas neuronales y reforzaríamos la memoria, la atención, la cultura general…

Y todo eso es cierto.

Todos esos beneficios, y muchos otros, se consiguen con la lectura diaria. Y nos insistían en que debíamos adquirir el hábito de leer de manera regular y continuada.

Pero no leemos por eso.

Entonces… ¿Por qué leemos?

Leemos por la misma razón por la que comemos, jugamos o hacemos el amor.

Leemos por placer.

Espera, que igual no ha quedado claro, vamos a ponerlo así, en grande:

LEEMOS POR PLACER

¿Alguno de vosotros se come ese delicioso bocadillo de jamón serrano porque hay que aportar nutrientes al organismo para con ello garantizar un correcto funcionamiento del sistema y generar nutrientes que nos permitan llevar a cabo todas nuestras funciones vitales?

Pues no. Te lo comes porque está rico de la muerte. Y porque la tía Engracia, la del pueblo, lo hace con un “pamtumaca” que es gloria bendita en la Tierra.

¿Alguno de vosotros echa una partida al [escriba aquí su juego favorito] porque así desarrolla sus habilidades estratégicas y procedimentales, incentivando de manera lúdica la relación con otros miembros de la especie y reforzando patrones de conducta útiles en el día a día?

Tampoco. Juegas porque te lo pasas genial y porque es una manera maravillosa de pasar un rato con unas amigas.

¿Alguno de vosotros hace el amor porque es conveniente para forjar vínculos con la unidad básica de la estructura social y asegurar la supervivencia de la especie mediante la reproducción?

Aún menos. Haces el amor porque disfrutas con ello y porque amas y deseas a la persona con la que compartes ese maravilloso hecho.

Entonces… ¿Por qué queremos convencerles de las mil y una bondades y beneficios de la lectura? Es absurdo. No busquemos una motivación extrínseca. Busquemos la intrínseca. Queremos conseguir que anhelen coger el libro y perderse dentro de él. Queremos que sientan el deseo de leer

POR QUÉ LEEMOS ANIMACIÓN A LA LECTURA

CONCLUSIÓN

Leer es beneficioso. Que lean está muy bien. Pero solo el amor por la lectura conseguirá que quieran leer. Y ese amor es el que debemos mostrar y transmitir. No hay mejor vendedor que el que vende lo que ama. Y nosotros amamos leer.

Y eso vamos a trabajar aquí. Conseguir que lleguen al deseo de leer, al amor por la lectura. Y, para ello, hay que entender por qué no les gusta leer. Pero de eso hablaremos en el próximo artículo.

¡Nos leemos!

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