¡Hola a todos, pequeños aprendices de villano! Aquí el reputadísimo profesor Evilius Mauvais en nuestro curso mensual de dominación del mundo y otras gestas malévolas. Le he robado este espacio al petimetre ese que habla de lo bonito que es leer y zarandajas diversas para proseguir con un ejemplo práctico de nuestras lecciones. Así que hoy os voy a dar una serie de consejos para conseguir que esos endemoniados niños no lean. Además, le daremos a todos una pátina de pedagogía tradicional para que parezcan soluciones en lugar de problemas, y así calen mejor en las mentes de esas madres y padres tan angustiados porque sus retoños no les leen nada. Así que, sin más, aquí vamos con el tema de hoy: ¿Cómo conseguir que no lea?

¡¡¡Muahahahahaha!!! ¡Dominaremos el mundo!

Dicen que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. El camino hacia la lectura, también. Sin darnos cuenta, llevamos a cabo acciones y propuestas que lo único que conseguirán a largo plazo es destruir las ganas de leer de nuestras hijas o hijos. ¡Justo cuando pretendíamos conseguir lo contrario!

Muchas de las ideas que desgranaré a continuación están firmemente arraigadas en la pedagogía tradicional. Quizás algunas de vosotras, lectoras y lectores de esta serie, lleguéis incluso a considerar que lo que hoy comento aquí se opone a todo aquello que, tradicionalmente, se os ha enseñado o aconsejado. Bien. Eso es bueno. Siempre he pensado que la tradición es esa excusa en la que nos amparamos para no aceptar los cambios. 

EL HÁBITO LECTOR

¡Qué importante es el hábito lector! Todos los niños y niñas han de tener hábito lector. Y los adolescentes, también. Si hasta salía en los apartados de las notas de lengua cuando yo era profe. “Necesita mejorar su hábito lector”. “Va mejorando su hábito lector”. “Tiene un buen hábito lector”. El hábito lector es fundamental para que lean, por supuesto.

NO. NI HABLAR.

Así, en mayúsculas y negrita. Creo que el hábito lector es uno de los mayores obstáculos para que alguien lea de manera voluntaria. Está muy bien tener buenos hábitos. El hábito de lavarse los dientes. El hábito de ducharse cada día. El hábito de recoger la casa.

Porque ¿qué es un hábito? Acudamos al diccionario:

Hábito: Modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas.

Eso está muy bien para el estudio. Está bien que se acostumbren a estudiar cada día. Pero yo, y seguro que vosotras también, no quiero que lean de manera repetitiva. Quiero que sientan pasión, que anhelen leer. Que la lectura sea fruto del deseo y no del tedio de realizar un acto por pura costumbre basada en la repetición.

cómo conseguir que no lean los niños motivacion lectura
Imagen de Sofía López Olalde en Pixabay

Así que, para empezar, vamos a eliminar ese concepto de nuestras cabezas. Claro que si consideramos la lectura como un simple paso en sus estudios, buscamos ese hábito lector. No nos importa que les guste, nos importa simplemente que lo hagan. 

Pero es que si eso es lo que piensas, de verdad, te has equivocado de serie. Estos no los artículos que andabas buscando, que diría el maestro Kenobi. Aquí hablamos de que quieran leer, no de que tengan que leer.

LA LECTURA DIARIA OBLIGATORIA

Para que mejoren la lectura, hay que obligarles a leer un tiempo determinado al día. Es parte de sus deberes, de sus obligaciones post-escolares. Así apreciarán la lectura y mejorarán en su habilidad lectora.

Claaaaaaaaro. Vamos, estarán entusiasmados. ¡Yupi, me obligan a leer, esto tiene que ser la leche! Ahora voy a querer leer mucho más y me va a encantar.

Decía Daniel Pennac que el verbo leer no soporta el imperativo. Y es verdad. Algunos verbos (Leer, amar, jugar…) se llevan mal con las formas imperativas. Por mucho que yo le diga a alguien “quiéreme”, no se va a producir la magia de que desde ese momento sienta algo por mí. Claro que sí, le puedo decir a alguien “lee”. Y si tengo autoridad sobre ella o él, se sentará, abrirá un libro y fijará los ojos en ese objeto.

Pero a partir de ahí, su mente volará, libre como es, de las páginas del libro a mil y un asuntos que le interesan. Estará sentada delante del libro. Pero no estará leyendo. Eso sí, nuestra conciencia, bien tranquila. Le estamos haciendo leer. Pero qué ilusos somos… Lo único que va a conseguir eso es que perciban la lectura como una obligación árida comparable con hacer los deberes o estudiar para un examen.

mi niño no me lee nada
Imagen de MV Blake en Pixabay

Si es eso lo que queréis, adelante. Vamos por buen camino. Pero si queréis despertar pasiones, mal camino es el de la obligación.

¡Ah, pero ya sé qué hacer para asegurarme de que lea! Que lo haga en voz alta y así me aseguro de que lo está llevando a cabo.

LA LECTURA EN VOZ ALTA

No solo va a leer x minutos al día, sino que además lo va a hacer en voz alta, para que yo sepa que está cumpliendo con su obligación. Así le tengo bajo vigilancia.

Vamos a ver… ¿Pero esto qué es? Para empezar, hay que tener presente que en el proceso de leer en voz alta disminuye sensiblemente la comprensión lectora. ¿Os acordáis de aquel primer artículo? Ahí os hablamos de que leer es un proceso muy complejo. A esa complejidad, le añadimos otra capa, la de emisión de sonidos coherentes y, además, con un ritmo, entonación y prosodia adecuados. Y, por fuerza, eso merma otros aspectos de la lectura. Adivinad la primera víctima. Exacto, la comprensión.

Pero esto no acaba aquí. Recordad cuando estaba en su más tierna infancia. Al caer la noche nos sentábamos en su cama y le leíamos aquel cuento que le encantaba. Ahora le controlamos el tiempo de lectura y verificamos que lo esté cumpliendo. Éramos su cuentista y nos hemos convertido en su contable (Pennac dixit).

Hemos malbaratado toda la carga emocional de la lectura. Yo tengo una magnífica relación con mi contable, pero de él espero una actitud profesional, no el cálido torrente de emoción que me genera una buena historia. Y en un cuentista no deseo que me esté examinando y controlando, quiero que me apasione. 

motivación por la lectura de niños
Imagen de StockSnap en Pixabay

CASTIGADO A LEER

Hoy te la ha liado parda. Pero parda, pardísima. Pataleta en el súper porque quería chocolate en vez de coliflor (¡y quién no!). Al llegar a casa, emperrado en que quería jugar a la consola. A la que te has despistado un momento, se ha puesto a jugar a fútbol en el pasillo con el perro y al grito de ¡goooool! se ha cargado el jarrón chino de la tía Engracia. Así que ya no puedes más. Le mandas a su habitación, castigado, a que lea un rato para que baje de revoluciones.

Clap… clap… clap… clap…

(léase como palmadas lentas)

Bravo. Acabas de establecer un principio: La lectura es un castigo. Si lo de la obligación de leer un tiempo al día era desaconsejable para generar deseo de leer, esto ya es directamente el desengaño amoroso definitivo. Lo que estás fijando en su mente es que leer es aquello que debe hacer como contrario a todo lo que le gusta. Así que leer es algo aburrido que tiene que hacer cuando se porta mal.

Puestos a castigar, casi mejor que le castigues a no leer. Pero de eso hablaremos en otro artículo.

castigar a leer a un niño o adolescente
Imagen de Wokandapix en Pixabay

EL LIBRO OBLIGATORIO

Este va más dedicado a docentes que a madres y padres. A ver, yo entiendo que tenemos un “magnífico” currículum elaborado desde un ministerio/consejería/loquesea por unos señores que no han visto a una alumna o alumno más que en fotografías que nos indica que han de leer unos títulos determinados en un año escolar en concreto. Vale. Hay que hacerlos leer El lazarillo de Tormes con 13 años. Me voy a morder la lengua (o las puntas de los dedos, en este caso). Pero creo que os imagináis todas mi postura al respecto.

Pero la mayoría de Centros de Primaria promueven la biblioteca escolar. Y ahí es donde, en muchas ocasiones, entro en conflicto. Han de leer x libros al trimestre. Y han de ser de la biblioteca escolar. No vale uno que se traigan de casa. Y han de ser de un nivel adecuado a la edad. No vale uno más sencillo o más complicado. Y han de hacer la ficha de biblioteca obligatoria para demostrar que se lo han leído, donde han de hacer el resumen de la obra, comentar algunos personajes, dar su opinión personal y un dibujo relacionado. ¡Eh! Importante, el dibujo es básico. Con colores.

¡Venga ya! ¿Así pretendemos fomentar la lectura? Así sólo conseguimos convertirla en otra carga más. Es otro ejercicio como las catorce multiplicaciones que les toca hacer cada semana. Ya hablaremos en un próximo artículo de maneras diferentes de enfocar la biblioteca escolar, pero no podía dejarme ésta atrás como manera de conseguir que NO quieran leer.

lectura obligatorio biblioteca del colegio
Imagen de StockSnap en Pixabay

A MODO DE RESUMEN

Analizad de manera detenida y meditada todas esas acciones y actitudes que siempre os han parecido obvias como métodos de fomento de la lectura. Revisad qué os parecerían si os las aplicaran a vosotras. Pero, sobre todo, si no queréis conseguir que no lea, dejad de intentar generar el hábito lector. Lo que buscamos es el amor por la lectura. Y, ya se sabe, la habituación y la rutina acaban con cualquier amor.

¡Ah! Y leed a Daniel Pennac. Su libro Como una novela cambió mi manera de entender la motivación para leer. Seguro que también cambiará la vuestra.

¡Nos leemos!

2 COMENTARIOS

  1. Muy de acuerdo en todo. Se lo mandaría al tutor del curso pasado de mi mayor , es más se lo tatuaría enterito….
    Por cierto, a mí me castigaba mi madre, que era muy sofisticada ella, a no leer………menuda tortura. Era una malvada de libro, jejeje.

  2. Hay muchos profesionales que siguen con ideas que hoy en día entendemos como caducas. Por fortuna, cada vez son más los que se actualizan y renuevan.
    Respecto a lo de castigada sin leer… ¡Mi padre me hacía lo mismo! Un saludo y gracias por leernos.

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